¡QUÉ NO TE LO CUENTEN! ABIERTAS LAS COLABORACIONES.

Metamorfosis en pausa

«Metamorfosis en pausa» es un microrrelato desenfadado que muestra esa transición a la madurez.

RELATOS

El Rincón de Keren

2/2/20262 min read

«Metamorfosis en pausa» Es un microrrelato desenfadado que recuerda la importancia de la transición a la a madurez.

Metamorfosis en pausa

¿Nunca te has preguntado qué ocurre en ese momento que das el salto a la madurez? No me refiero a encontrar trabajo, tampoco a encontrar pareja. Es algo que parece simple, pero que a mí especialmente, me llama mucho la atención.


La pereza de los días de instituto son evidentes, pero ahí estaba yo con aquella mochila que cargaba dos palmos más abajo de mi trasero, porque esa era la moda. Si no llevabas la mochila más abajo, te consideraban una especie de bicho raro, y ahí, entre los tropecientos de libros que hacían de tus días una tortura, torturaba mi espalda para la buena verdad, desde párvulos hasta llegar casi a los diez y siete años. ¿Qué ocurre entonces?


Todo tu mundo cambia. Ya no eres una niña pero tampoco eres una mujer; Estás a medio camino de serlo en cambio te aconsejan que lleves un bolso colgado de un sólo hombro: el bolso se iba cayendo por los lados hasta llegar a los antebrazos, intentas que no se te caiga, lucir como esas mujeres estilosas que has visto en televisión, el modelito que te has comprado, bien lo demuestra: has nacido mujer y más vale que lo parezcas. Cuando por fin le coges el tranquillo ya tienes unos veinte años, y cuando llegas a los treinta y tantos estás hasta el moño. Así que, te lo compras cruzado. Te miraban raro, aseguraban que era mejor llevarlo de un solo hombro pero tú te niegas sintiéndote una vez más, que tu madre, tus conocidas de instituto y hasta compañeras de trabajo; que eres un experimento que no han podido moldear. Si fuiste cómo yo, quiero decirle algo a la sociedad: Todo vuelve y los bolsos cruzados se pusieron de moda. No importa cuanto renegaran los demás, seguir impulsos es bueno.


Con esto, vengo a decirte que, seas quién seas, si tu estilo no lo comprenden recuérdales la moda de los pantalones de campana, las camperas que aunque no lo creas en los noventa se llevaban (¡e incluso antes!), las plataformas volvieron para quedarse, amiga, que si no fuera porque me importó tres berenjenas lo que dijeran de mí y tenía mi estilo definido... Me habría convertido en una niña sin libertad para hacer y deshacer sobre mi cuerpo.


Y sí, una llega una edad y… ¿Qué me pongo? El bolso ya lo hemos superado. (Nos costó, pero aquí estamos) sientes que todo lo que te pruebas ya no te va o está pasando por una época en la que parece que todo está del revés… recuerda: No es tu culpa que las lentejuelas, en un arrebato las desecharas o la donaras, que creyeras que no volverían y mira, ¿Quién dijo qué? Creo que, para gustos colores. Hay tantos estilos como lenguajes. Así que, aquí estoy a mis treinta y nueve, más uno, para renovar mi armario, y probablemente me avergüence de lo que voy a decir, pero… ¡Qué especialita soy con la ropa, muchacha, oye! Porque no me conformo, y eso, también es bueno. ;)