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El día Cero: Recordatorio de un mapa mental
Un nuevo «yo» que representa lo viejo y lo nuevo. Pues estos son los cambios buenos, sin elección. Quieras o no, creces.
RELATOS
| El Rincón de Keren
1/5/20264 min read
Foto de James Wheeler
Adéntrate en un relato que reverbera la verdadera felicidad que anida en nosotros.
El día Cero: Recuerdo de un mapa mental
Decidiste ser aquello que tanto daño te hizo en el pasado: ser el fuego que abrasa con cada chisporroteo, ahogando tus lágrimas en letras con sabor a café humeante que no concilia las noches, que desatiende el cuerpo y que aúlla a cada comentario que no viene desde el corazón; decidiste, no hacer caso a la razón del equilibrio porque tus noches te salvaban de los días inciertos, las letras calmaban los quejidos y los paseos luminosos, le daban sentido a aquello llamado SOLEDAD.
En tus noches, comienzas a añorar la brillantez, el café se vuelve insípido y las letras de las canciones se vuelven hirientes. El compás de una canción alentadora, te lleva ahora a las mañanas colmadas de inspiración. Has cambiado las noches frías por lo días con ese calorcito a regocijo de amor: amor por las caminatas, los desayunos sola, las lecturas a la luz del sol, los abrigos que cubren el frío pero no la sonrisa. Sigues intentando cambiar el día, pero es inevitable, el astro te llama, y anuncia que lo bueno está por llegar: días deslumbrantes, claridad, serenidad y paz. A estos días los has llamado el día cero, porque comenzar, no incluye un día de la semana. Si una suma de acciones que te llevan a encaminarte.
¿Cuántas palabras habrás callado en las noches? ¿Cuántas lágrimas habrás derramado confundiéndose con el café? A caso, ¿No eres digna de la felicidad? O puede ¿Qué no te hayas percatado?
La luz, como todo lo que baña a su paso con su posición del día, te revela la claridad que necesitas; el café, ya no es una opción única, pero, has cambiado tu forma de saborearlo. A los días congelados llenos de resguardo, los has acompañado de un breve paseo para espabilar el cuerpo, si supieras cuánto haces aunque vuelvas al menos cero… si supieras que todo cuanto logras, por pequeño sea, tiene un impacto en tus allegados y personas que de verdad se interesan por ti… Entiende: Ya no es una señal, es un hecho, porque cuando el trabajo interno que has hecho, lo sabes ver y aplicar, de la mejor o más torpe manera; se supone que algo parecido a un huevo, está a punto de eclosionar. Y entonces… habrás asentado todo aquello que pensabas pero que no te atrevías a accionar.
Acción, porque es todo lo que te hace falta. A veces, las palabras no llegan lo suficiente, el amor, no llega, y el sostén es difícil encontrarlo. Entonces, has armado un boceto mental de todo cuanto puedes hacer, de todo cuanto puedes lograr, no son metas profesionales, sino personales. A estas alturas, sostenerte, estar en pie, es tu mayor logro. Porque vivir se te hace pesado con la carga de la maleta que llena a rebosar, salpica todo cuanto está a su alrededor. Y comienzas a ordenar, si no lo has hecho, ¡COMIENZA! El orden, pone armonía a tu cabeza; la acción, la posibilidad de darte cuenta de que sí que puedes; la actividad diaria, la promesa de un día lleno de objetivos personales realistas que te harán sentir plena. Y no es aquello, que esperan de ti; y no es aquello que te vuelve osada; tampoco es aquello, que te aleja del amor colectivo; a veces, es esa rotura que no intentas tapar con un parche, ese sueño reparador o esa conclusión después de una noche de ansiedad, que te ha puesto en pie.
Le faltan los versos de amor, que un día teñiste de gris, para convertirlos en cielo azul. Con sus nubes blancas, con tu brisa, con su olor a petricor, con la conciencia de que, esto, es lo que quieres. Y no, lo que se te ha estado escurriendo entre los dedos cómo el agua. A veces, son los golpes inesperados, que duelen, angustian y hasta se resisten a irse. No es malo errar, no es malo insistir, sólo preocúpate de darte cuenta de qué es lo bueno para ti, y por supuesto, se puede cambiar.
No son metas, no son propósitos, son hábitos que un día ya los tenías contigo, con la promesa desde ti misma, de que con el alma todo puede hacerse. No es autocorrección, tampoco es autoimposición, es lo que es para ti, y lo que se te ha dado en forma de pensamiento, para convertirlo en la acción hacia un camino, perenne. Los caminos pueden ser angostos, llenos de incertidumbre, agotadores, pueden resistirse y volver al menos cero, pero si vuelves y regresas al sendero, te darás cuenta que puedes, que solo hay una vía, y esa es la de la dirección.
Conducir tu vida, con esta edad es posible. Y con la edad que tengas. Tenías el mapa mental, lo tenías ganado, puesto que no es una carrera, impúlsate con lo pequeño, gana valor con lo reconocido en pequeño, recuerda ese día que no era una gran celebración pero que para ti, lo fue todo. Y sobre todo, recuerda que, ya lo has decidido antes de hacerlo, porque ya estaba en tu mente. Nadie te ha regalado nada. A nadie le debes las gracias. A nadie le debes la vida, excepto a ti misma.
Si aún con esas te desvías del sendero… recuerda, lo importante es saber hacia dónde vas. No importa cuantas veces te salgas.
Directa o indirectamente, deseo que el año realista en este mapa de letras, confeccionado a base de golpes, cicatrices y rozaduras. El café si es por la mañana, después de un buen descanso, y con el silencio de encontrarte a ti misma sabiendo que tienes muchas cosas qué contarte a ti, saben mejor. Y si este camino, lo haces acompañada, la alegría será doble. Sólo recuerda ser amable con aquellos que estuvieron en tu lugar cuando se encienda el día gris.
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